jueves, 25 de junio de 2009

SIGLO XVII




Como la gente se cansó de vestirse a la manera española, se volvió otra vez a la moda de Francia, que ahora sí es ya la moda de París.

Antes existían los sastres y las modistas, pero su labor sólo consistía en juntar trapos y ponerles mangas.En esta época se inventa el escaparate, con lo que se da otro gran paso en el progreso del vestido en general y del femenino en particular.En los escaparates se pueden poner los precios y así las mujeres pueden comprarse los vestidos con la seguridad de que sus amigas saben que son carísimo. Y así se llega a una de las más importante leyes que informan la filosofía del vestido: a mayor precio más elegancia. Como consecuencia de esta ley, las mujeres ya sólo se visten con los trapos hechos por personas especializadas, aunque, avanzados los años, para pescar novio se diga que "La niña sabe hacérselo todo".

Lo más señalado de la moda femenina de este tiempo es la desaparición de las gorgeras y cuellos de encaje, para dejar descubierto el escote, cuya reaparición definitiva, tras los balbuceos renacentistas, fue acogida con júbilo después de su largo ostracismo. La tela que se quita por arriba, así como los encajes que la guarnecían, se pegó a la falda y a las mangas, para que los maridos no encontraran demasiada diferencia a la hora de pagar la nueva moda.Pero en general los vestidos femeninos no tenían nada de particular.Está muy de moda el traje tipo mesa camilla, que perdurará durante todo el siglo siguiente, y, algunas veces, la sencillez intenta aparecer, aunque no están los tiempos maduros para ella.

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